Budapest, uno de los destinos más románticos para celebrar San Valentín

En Budapest hay cabida para todo tipo de planes y actividades, incluso para las parejas más deportistas, pues alberga la pista de patinaje sobre hielo más grande de Europa, ubicada en el Parque de la Ciudad. Un lugar desde el que se puede admirar la belleza del parque y el castillo de Vajdahunyad, cerca de la Plaza de los Héroes.

Sin duda, no hay nada más placentero que disfrutar del relax de un baño caliente después de una sesión de ejercicio, por lo que una de las paradas obligatorias durante esta escapada es el Baño Széchenyi, a tan solo unos metros de la pista de hielo.

Cuenta con casi 20 piscinas cubiertas y al aire libre; y es una de las atracciones más visitadas y elogiadas de Budapest, ya que es relajante, divertida y, por supuesto, romántica.

Los amantes de la gastronomía también encontrarán muchas oportunidades interesantes, pues además de ser famosa por sus baños y sus bares en ruinas, Budapest posee una gran lista de restaurantes con un ambiente íntimo para organizar una cita romántica inolvidable.

Sus jardines, vinos y su diversa cocina los convierten en lugares especiales, ya sea en el Danubio o en un café escondido en un patio, lejos de las atracciones y actividades habituales.

No hay nada más bonito para celebrar el amor que contemplar un alucinante atardecer digno de película. Y es que en Budapest la puesta de sol es algo que hay que saborear, ya sea a orills del Danubio o en la azotea de uno de los bares de moda de la capital, pues el color anaranjado y púrpura del cielo envuelve la ciudad de una forma encantadora.

Escondido en la zona verde de la colina Gellért, sobre el puente de Isabel, se encuentra el Jardín de los Filósofos, un lugar ideal para disfrutar de una panorámica de Budapest mientras el sol se esconde por el horizonte.

Y tras caer la noche, merece la pena pasear por el Bastión de los Pescadores, ya que ofrece una maravillosa vista de la ciudad y es un lugar perfecto para tomar alguna fotografía de otra de las atracciones claves de la capital húngara, el Parlamento.

Desde este último punto, el atardecer es algo simplemente mágico, pues es imprescindible cruzar por la pasarela más antigua de la ciudad y contemplar las luces que iluminan el icónico Puente de las Cadenas.

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