Las Islas Baleares fueron elegidas como uno de los mejores destinos de Europa gracias a Sóller. Un pueblo de Mallorca que ha conquistado el corazón de los visitantes al archipiélago por su rico patrimonio histórico y cultural, así como por el encanto de sus calles y paisajes.
Los grandes atractivos de Sóller
Sóller es un municipio en el que el mar y la montaña se abrazan para dar refugio a un fértil y profundo valle de huertas y árboles frutales, entre los que destacan los naranjos, y rodeado por las altas montañas de la famosa Serra de Tramuntana.

También es Sóller un pueblo conocido por producir alimentos de gran calidad, con un sabor exquisito. Y es que, además de sus deliciosas naranjas, en sus tierras se cultivan los olivos con los que se elaboran uno de los mayores manjares de la isla, el aceite de oliva.
Por esta razón, en su gastronomía destaca la conservación de las recetas típicas, elaboradas con auténticas delicias locales, como también es el caso de la gamba autóctona, que es capturada por los propios pescadores del Puerto.
Sóller es, además, cuna de la arquitectura modernista en Mallorca. Joan Rubió y Bellver o Antoni Castanyer construyeron grandes edificios que van desde la emblemática Iglesia de San Bartolomé hasta el Banco de Sóller, pasando por casales como Ca la Nena, Can Moyana y Can Massana, el Museo Modernista Can Prunera o el enigmático Cementerio de Sóller y su colección de esculturas modernistas.
El tren de Sóller
Sin embargo, si hay algo por lo que Sóller mantiene su auténtico encanto del pasado es por su famoso tren.

Y es que desde el año 1912, este ferrocarril une el pueblo con la ciudad de Palma en un recorrido sinigual a través de montañas y valles conservando su carácter nostálgico y original.
Además, también cuenta con un viejo tranvía de madera que ofrece un trayecto de 27 kilómetros entre el puerto y los huertos de naranjos.
Observar Sóller desde los asientos de estos vagones regala, tanto a locales como a visitantes, la oportunidad de conocer el municipio de la manera más cautivadora, transportándoles al pasado y haciéndoles descubrir la belleza de este lugar tan especial.
Tesoros de Baleares: El laberinto blanco de Menorca

Las Islas Baleares esconden otros muchos rincones secretos que no dejan indiferente a sus visitantes. Uno de ellos es Alaior, un bonito pueblo del interior de Menorca distinguido por sus calles blancas empedradas, repletas de monumentos y lugares en los que perderse.
Fue fundada por el rey Jaime II de Mallorca y se caracteriza por las magníficas vistas del verde paisaje de la isla que se pueden contemplar desde sus puntos más altos.
Además, uno de sus principales atractivos son los caminos rurales que desembocan en algunas de las playas más bonitas de Menorca, como las aguas turquesas de Son Bou, o los barrancos de Cala en Porter, donde se puede disfrutar del sol y darse un refrescante chapuzón.
Por otro lado, Alaior es el lugar perfecto para aquellos fanáticos del pasado prehistórico, pues en la necrópolis de Calescoves se encuentran algunos de los yacimientos mejor conservados y de mayor relevancia de la isla, que ha sido declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO gracias a sus monumentos megalíticos y poblados talayóticos.
Un espectáculo ibicenco de almendros en flor

Uno de los mejores lugares para admirar este espectáculo es Santa Agnés de Corona, ya que desde finales de enero sus campos comienzan a verse envueltos entre pequeñas flores blancas y rosas, que se combinan con los naranjos y limoneros.
Además, este pueblo conserva la arquitectura ibicenca más rural, pues sus viviendas están rodeadas de campos que evocan a la calma y el aire puro, lo que hace que todo aquel que lo visite quede absolutamente seducido por su paisaje y su patrimonio cultural.
Uno de sus edificios más emblemáticos es la iglesia de Santa Agnés, que fue construida en el siglo XVIII a petición de los vecinos de la zona y cuya escasa altura llama la atención.
Un hecho que, según los habitantes de la zona, se debe a la competición con Sant Mateu por ver quién terminaba antes la construcción de su iglesia; y en la que Santa Agnés se proclamó ganadora al decidir reducir la altura del templo.
Los pueblos más libres y creativos de Formentera

Las islas Pitiusas siempre han sido reconocidas por ser el refugio de aquellas almas libres que buscan un lugar donde desconectar y dar rienda a su creatividad.
En el caso de Formentera, se encuentra el pueblo de Sant Ferran de Ses Roques, que ya en los años setenta era el punto de encuentro de hippies y bohemios.
Este carácter libre, creativo y festivo se mantiene en los mercados artesanales y artísticos que se celebran en los meses estivales; y que se han convertido en un importante punto de venta de artesanía, amenizado todos los sábados con música en vivo, así como un lugar de encuentro donde pintores y artistas exponen sus obras.
Por otro lado, se encuentra el pueblo de Sant Francesc Xavier, la capital de Formentera. Se trata del principal núcleo urbano de la isla, ya que dispone de todo tipo de servicios, además de un mercado artesanal de bisutería, lanas de Formentera y piezas de ropa.
Sin embargo, este pueblo destaca por su iglesia parroquial, ya que fue una antigua fortaleza erigida a principios del siglo XVIII que servía para protegerse de los numerosos ataques piratas que invadían la isla.